El escrito forma parte de los elaborados -¿te acuerdas?- durante el pasado verano y, aunque no pasaron a formar parte de níngún libro, permanecen aún en mi archivo personal. Dispuestos a rescatarlos, te los remito para su lectura, aunque, como es lógico, han desaparecido todos aquellos detalles que pueden servir para delatar a su destinataria, persona que tú bien conoces. El día se presenta largo y ancho. Saludos.
La hormiguita número 123.456 de...
Le habla, señora Kilimanjarina, la hormiguita 123.456 de..., ese pueblo de sus amores y desamores, de encuentros y desencuentros, el mismo donde ha vivido con usted cada uno de los momentos que ha pasado entre estas calles en las que se enamoró -¿lo recuerda?-, estudió, trabajó, besó, disfrutó, sufrió, amó, parió…
Sí, usted no lo sabe, pero durante todos estos años hemos vivido con usted la realidad de cada uno de sus instantes, los más conocidos y los más íntimos, los públicos y los privados, y la hemos visto reír, llorar, emocionarse, escribir cartas de amor, romper cartas de desamor… Durante todos estos años, señora Kilimanjarina, mis primas hormigas 101.675, 110.514, 112.213, 118. 715 y también la 119.121, escribieron todos los informes que ahora repaso para escribirla estas notas y me doy cuenta, ahora lo pone en italiano y me llega la nota desde Milán, que también me acompañan otros documentos de otras hormigas hermanas como la 1.234.000, la 1.456.786 y así hasta una larga lista. La verdad, señora Kilimanjarina, es que usted nos ha dado muchos momentos de felicidad, pero también nos ha hecho sufrir, y lo mismo reflejan las reseñas secretas tanto de aquí como de allí.
Hay detalles, señora Kilimanjarina, que no la puedo desvelar por formar parte del secreto sumarial, pero la verdad es que nos tiene usted alucinadas a nivel general y más que alucinados a esos zánganos machos que han tenido la oportunidad de andar por sus pies y han corrido, más de una vez, por esas pantorrillas… Sí, seguro que se acuerda ahora un poco más de nosotras, somos las mismas que la asustan cuando nos ve en gran número y que la producen un poco de miedo. Sin embargo sabemos, lo hemos oído todo esta mañana en el bar Kilimanjaro mientras se tomaba un café con leche y se reponía felizmente de una desasosegada noche en la que no ha dormido por culpa de unas historias que la preocupan, que contra nosotros no tiene nada y que podemos estar tranquilas, como lo estarían también, en caso de que usted decidiera acabar con todo lo que la molesta aquí, nuestras amigas las palomas.
De aquí, señora Kikimanjarina, que yo, la hormiguita número 123.456 haya sido designada por las compañeras de mi hormiguero para hablar con usted y decirla que, gracias por dejarnos seguir con usted. Y ya lo sabe: aquí, allá donde vaya, las hormiguitas buenas la seguiremos y estaremos con usted. Buenos sueños.
Kilimanjaro, 30 de Agosto de 2005
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